Su cabello cae lentamente sobre su perfil mientras sus dedos se aferran a las teclas del piano y yo, que la miro a lo lejos en silencio mientras escucho su melodiosa voz, tengo esa típica expresión de vagar por mi cabeza. Con esa mirada perdida cuando recorro los paraísos que me invento mientras fumo un cigarrillo tras otro.
Y ella sigue ahí, desgarrándose de soledad en el piano. Yo sólo puedo mirarla y escuchar. Sé que es la misma mujer que me canta cada día con distintas voces, rostros e instrumentos. Ese cuerpo fugitivo que intento alcanzar y que aparece en los parajes más insospechados: en la cafetería, en el hospital, en mi habitación.
Sé que cada vez que está frente a mí, no me sirven de nada las lenguas y dialectos que he aprendido para comunicarme con ella: Pienso que sólo me permiten comprender lo que ella quiere decirme y me sentencian a no poder responderle jamás. Y ella me insulta, me ama y me olvida. Mis cuerdas vocales me han traicionado: Se han atado entre sí para prohibirme susurrar lo impronunciable.
El silencio se impone y la pianista se ha ido del local. La mujer de carne y hueso pasa a mi lado y, cuando veo su rostro, la reconozco distinta de aquella que me cantaba unos segundos atrás. La he perdido otra vez, pienso.
Y la voz de mi cabeza me afirma suavemente que ella regresará…
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Está muy bueno el escrito ese.... yo no lo escribí, lo robé de un blog de por ahi, no me acuerdo la dir... pero es muy parecido a lo que siente jason, sólo que la pianista son varias, y todas diferentes... y ella no regresará, aparecerá otra.... :S
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